Vieja Canción del Viento
Hace milenios, Eolo, el guardián de los vientos, tenía el poder de controlarlos. Utilizaba cajas energéticamente blindadas para retenerlos.
Kotáq, un viento cautivo, renegaba: “Tengo la fuerza de cien ciclones, pero este caprichoso no me deja actuar”.
Kuan Kré, la magnánima, era más positiva: “Presiento que nuestro destino será realizarnos en la tierra más mágica del planeta”.
Llegó el gran día, Eolo liberó a Kotáq y Kuan Kré. “Serán enviados a la tierra más austral del mundo, cerca del Estrecho que une los océanos. Kuan Kré, sé magnánima con los primeros hombres. Kotáq, mostrarás tu bravura cuando lleguen buscando oro. Solo los fuertes se quedarán con el título de hijos”.
Así nació el mito de los vientos. En una vieja canción olvidada, se dice: “Yo soy Kuan Kré, la magnánima.
“Oh Kotáq, grande entre los vientos, calma tu fuerte soplido. No ves que a estos bellos niños el sueño los ha vencido”.
