Viento y Sonrisas
El viento golpeaba sutilmente mientras la niña caminaba con su globo verde atado con una lana gris. Su otra mano estaba tomada de mi mano. Vi globos volar al salir del colegio y pensé que debíamos apurar el paso. Me habló de la competencia, de las risas y de los juegos, y de cómo había ganado ese globo. “Si se vuela, compraré otro”, me dije, y ya no reparé más en la situación.
Visitamos los lugares que debía visitar, compramos lo que debía comprar, y ahora el viento no soplaba tan sutilmente. Miré de reojo y tenía en su manito enrollada la lana gris y el globo se movía. Seguimos hablando, me contó de sus amigas y recuerdo el nombre de Carlota, difícil no asociarlo con la gatita. En ese momento, pasó el bus del colegio y ella miró feliz y vi cómo las niñas se agolpaban a saludarla por las ventanillas.
Mis vueltas ya llegaban a su final, emprendimos el regreso a casa. El viento se ponía más intenso y ya llegábamos para cruzar la avenida. Aquí estaba echada la suerte del globo. Los pocos pasos que separan la avenida de la casa fueron los más aliviados. La miré triunfante con su globo. Corrió a buscar otro que tenía de color naranja, muy desinflado, pero igual lo conservaba. Puso los dos juntos y al fin comenzó a jugar.Viento y Sonrisas
El viento golpeaba sutilmente mientras la niña caminaba con su globo verde atado con una lana gris. Su otra mano estaba tomada de mi mano. Vi globos volar al salir del colegio y pensé que debíamos apurar el paso. Me habló de la competencia, de las risas y de los juegos, y de cómo había ganado ese globo. “Si se vuela, compraré otro”, me dije, y ya no reparé más en la situación.
Visitamos los lugares que debía visitar, compramos lo que debía comprar, y ahora el viento no soplaba tan sutilmente. Miré de reojo y tenía en su manito enrollada la lana gris y el globo se movía. Seguimos hablando, me contó de sus amigas y recuerdo el nombre de Carlota, difícil no asociarlo con la gatita. En ese momento, pasó el bus del colegio y ella miró feliz y vi cómo las niñas se agolpaban a saludarla por las ventanillas.
Mis vueltas ya llegaban a su final, emprendimos el regreso a casa. El viento se ponía más intenso y ya llegábamos para cruzar la avenida. Aquí estaba echada la suerte del globo. Los pocos pasos que separan la avenida de la casa fueron los más aliviados. La miré triunfante con su globo. Corrió a buscar otro que tenía de color naranja, muy desinflado, pero igual lo conservaba. Puso los dos juntos y al fin comenzó a jugar.

27 de Junio de 2025 @ 11:18
es bakan