Maclovia

Añoranzas de mi tierra fértil,
me estorba el recuerdo de un resoplar viril.
Cada día, cada noche, cada hora,
luz fría que marchita mi memoria.

Déjame recorrer mi niñez
entre las corrientes de la memoria.
Hoy que solo queda el recuerdo de mi tierra
la fortaleza de mi gente no se cuestiona.

Las corrientes, el mar, las risas,
y la delicadeza de mi piel se amedrentaba con la fría brisa
de una estela de un día sin procesar,
y de un barco que llegó a tierra sin prisa.

Punta Arenas seria mi morada momentánea
recorrida cual curva de vestido estampado.
Voces familiares en una lengua foránea
llequé a tierra frente a un clima desalmado.

Atrás quedó mi hogar y mi tierra.
Atrás quedó y en la memoria delicada se encierra.
Hice míos los vientos, la nieve y los techos rojos,
Hice mías las promesas de tus ojos.

Fui novia y esposa en tierras australes.
Di hijos felices y alejados de males.
Veo nietos y bisnietos que mi lengua no han conocido.
Si apenas yo la recuerdo, amore mio.

Mi memoria no es la misma, se agota y diluye.
Se va en un suspiro, y el viento influye.
Aun sigo loca por ti, amor mío,
Yo ya lo di todo, ante el viento austral e impío.

Al despertar llévame contigo,
a recorrer los campos cubiertos de trigo.
Acompáñame implacable en este último respiro,
Y deja que la brisa sea nuestro testigo.